martes, 25 de mayo de 2010

Gente negativa / 7

“¡Cuentos tan largos! ¡De una página!”,
gritaba Juan Ramón Jiménez...

Y ahora resulta que las historias mínimas hacen mal. Cada vez con más insistencia se escucha por ahí –en revistas culturales, en tertulias, en audiciones relacionadas con el mundo de los libros–, que ese género llamado microrrelato merece ser llamado sub-genero y estar ubicado en un escalón inferior –y bastardo– de lo que se considera literatura. ¿Los argumentos? Propensión al simplismo; género más ligado al chiste o a la anécdota que a la literatura; falta de esfuerzo; respuesta a la comunicación inmediata y mediocre de nuestros días, la de SMS o e-mails carentes de toda gramática u ortografía; búsqueda de la comodidad y el rechazo al embarazo que significa escribir novelas… Escritores de la talla de Javier Marías se cagan lisa y llanamente en el microrrelato. Esto, quizás, responda a que según ellos es un género (¡perdón! un subgénero) que está de moda. Y esta clase de críticos debe por fuerza vituperar hasta el paroxismo todo lo de-moda, ya que va dentro de su naturaleza ir siempre contracorriente. Para lo cual, echan mano a sus mejores armas: el célebre dinosaurio monterrosiano (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”), o las intragables greguerías de Gómez de la Serna –textos tan ingenuos del tipo “El portero no la vio entrar, la vio salir (era la muerte)”–. Como si Monterroso sólo hubiese comido gracias al puto dinosaurio, o Gómez de la Serna no hubiese escrito más cosas que esos juegos de palabras. Como si la síntesis no fuera multiplicación. Como si un átomo no fuera el universo.

Un buen narrador de microrrelatos en un relojero. Cada minúscula pieza es vital para el funcionamiento del mecanismo. Si la pieza está mal puesta, el reloj se destroza. Borges sostenía que no había nada realmente importante para ser contado en demasiadas palabras. Por eso nunca escribió novelas.

Por todo esto, queridos enemigos del relato breve o hiperbreve, recuerden que el primer atisbo de literatura en la historia humana ha tenido forma de cuento. Al calor de la hoguera, los viejos de las cavernas no relataban a sus familias novelas épicas de tres o cuatro días de duración, sino simplemente sencillas historias de minutos, una tras otra, hasta que el sueño o la noche los vencían.

Considero que el cuento es el más noble de todos los géneros. Y cuanto más breve, más noble. Más cerca del universo, de la naturaleza. Más lejos del ego del autor. De hecho, estoy cada vez más convencido de que no hay nada, absolutamente nada que contar, absolutamente nada que leer. No-es-necesario-saber-nada. Todo ya viene escrito en el universo, en la naturaleza, en nosotros mismos. ¡Cómo voy a leer lo que piensan otros del mundo si todavía no sé lo que pienso yo!

Y además, que sepáis que los niños nunca piden novelas para irse a dormir. Piden cuentos. 

5 comentarios:

Carme Carles dijo...

Coincido mucho en que hay gente que piensa que lo que está de moda es malo o produce alguna clase de destrozo o que atenta a principios sagrados.
Mi género preferido es el cuento, creo que condensa lo que uno piensa con la espada colgando de que no tiene cien páginas para corregir errores. La novela permite otras libertades pero el cuento ha de ser preciso.
No creo que uno y otra sean rivales, simplemente diferentes. Es como decir que el arte figurativo es mejor que el abstracto o viceversa.
En fin que lo nuevo no es motivo de repudio por ser nuevo sino por ser malo.
Salut

Franco Chiaravalloti dijo...

Pienso lo mismo Carmen. Sin embargo, podría matizar que quizás el cuento ultra corto está menos de moda que otras modas. Están los dos extremos: los que su moda es no leer. Y para los que leen novelas pasotistas, ya masticadas de fábrica (¿alguien conoce a alguien que haya leído, por ejemplo, al menos dos tomos de "En busca del tiempo perdido" de Proust?). Después podría tipificar a los que leen novelas "acérrimamente" y les resulta insoportable el relato mínimo. En fin, el panorama es vasto. Y este comentario está siendo más largo de lo que debería, teniendo en cuenta el tema. Recibe un fuerte abrazo.

carlos de la parra dijo...

No han entendido mucho que el micro relato,o flash,o el nombre que gusten llamarle,es un formato con diferente dinámica a la novéla y que a diferencia de ésta deja abierto un puente al lector a recibir su propia interpretación;opuestamente a la novela en que todo llega detallado y definido;ahora si ésto da cupo a que algunos lo confundan con el chiste o la anécdota ,también es cierto.Y por igual cuando un micro resulta bién logrado,resalta cómo una joya,y éste valor es autoevidente.
El que ciertos autores con fama lo desprecien no tiene porque influírnos ,ya que igualmente ha sido manifestado por otros de la grandeza de un Cervantes o un Bórges.
Los auténticos micros son cómo un instante de iluminación concreto,pues en un descuido se alargan y pasan a ser cuento corto.
Pero así se nos dá a muchos autores,a quienes el relato aparece en nuestra mente,con o sin detalles,ignorando el porqué,o aceptando un sencillo,porque sí.

Alicia Carolina dijo...

desconocia esta moda "anti cuento corto".. que pavada. a mi me gusta encontrar cuentos que puedo leer completos en el viaje en subte, para pensar en ellos mientras termino caminando el trayecto a casa. y me gustan las novelas. pero no todo necesita una novela. no todos los personajes ni las historias los necesitan.
como en nuestra vida, en general casi ninguna de las cosas que nos suceden y que contamos a nuestra gente cercana es tan compleja que necesite demsiado tiempo de desarrollo, y sin embargo, no es menos importante -al menos para nosotros y nuestros allegados-.

Anónimo dijo...

Añado a lo dicho una gran sentencia del gran Cheever:

"Estoy seguro de que en el momento de la muerte, la gente no se cuenta a sí misma un cuento, y no una novela".