jueves, 13 de mayo de 2010

Apuntes en tinta / 4
Ver, odiar





El escritor es, por sobre cualquier otra cosa, un observador. Quien desdeña la cualidad de escuchar o ver el universo que le rodea, mejor que ni intente meterse en esto de la escritura. Y cuando digo observar digo: observar lo que nos circunda y, a su vez, observarnos a nosotros mismos observando lo que nos circunda.

El escritor mediocre es aquel que solamente escucha las voces de su interior, tanto para buscar la palmada en el hombro, ver su nombre impreso en una portada y suspirar, o bien para señalarle a su hijo “este libro lo escribí yo”.

Observar y observarse es quizás la empresa más difícil de todo ser consciente. Dominar esta propiedad puede llevar toda una vida. Quizás la aprendemos en el lecho de muerte, minutos antes de abandonar este mundo.

Yo observo. Aprendo a observar. Abro los ojos, escucho, pregunto, dejo responder, escucho. Y, así, advierto que las personas que más me inspiran para crear una historia no son las más cercanas ni las más queridas. Sino todo lo contrario, son las que más odio, las que más animadversión me evocan, ya que son las que generan más conflictos en mi interior. Si se produce dentro de mí un sentimiento negativo hacia un individuo, no es que me moleste algo de él, sino que es algo de mí reflejado en él. Por eso mi conciencia se revuelve y este tumor debe ser exorcizado a través de una historia. Historia que no hace más que demostrar mis carencias, que me deja desnudo en medio de una transitada avenida.

Creo que este impulso de auto-exorcismo es común en todas las personas. Algunos lo descargan yendo al gimnasio, otros follándose vecinas, otros esculpen, otros escupen. Yo decidí escribir.

Tengo ganas de inventar nuevas historias. Desde mañana empezaré a escuchar con más agudeza a mis enemigos.

5 comentarios:

Carme Carles dijo...

"Tengo ganas de inventar nuevas historias. Desde mañana empezaré a escuchar con más agudeza a mis enemigos".

Buena razón para escribir, tan buena como cualquier otra. Aunque escuchar a los indiferentes a veces te da alguna sorpresa, más que nada porque camuflada entre su estudiada indiferencia se halla el germen de potenciales odios y animadversiones. Ello facilitará la creación de nuevas historias pero diferentes que nos inspiran los simplemente odiados.
Salut
Me gustan tus historias.

Almorro dijo...

En la disección que haces sobre buen o mediocre escritor había algo que impedía estar de acuerdo con tu exposición.

Releyéndola, unas cuántas veces intentando averiguar qué era lo que no me cuadraba, creo que he conseguido encontrar el motivo.

A mi entender, y utilizando las mismas herramientas que tú, lo que hace a un escritor ser bueno o no, no es que se limite a sus propias voces, como tampoco lo sería el que sólo observase.
Pienso que la diferencia radica en la interacción entre sus voces interiores y lo que observa. Ni se ahoga en sus propias voces, haciéndolas inaccesibles a los demás, ni se limita a ser un espejo, reflejo, copia o fotocopia.

Tenía que decirlo, que me has hecho pensar un buen rato. Saludos.

carlos de la parra dijo...

Muy buena observación,y sabia ésta de escuchar;aunque siento que la expresión escrita al igual que cualquier forma de arte ,contiene una metodología casi infinita,y siempre hay recursos que éstamos en lucha y experimentación por descubrir,y cierto que implica mucha reflexión,y en veces logramos algo que nos gusta,y quizás también a los lectores.

Franco Chiaravalloti dijo...

Estimada Carmen...
La idea de este post me surgió de una idea "robada" a Hesse. El autor de Demian decía que cuando odiamos a alguien, en realidad odiamos algo de nosotros mismos que no podemos resolver. Alguna carencia, una falta, la ilusión de lo que no somos. Allí nace el conflicto en nuestras tripas, ahí (considero) nace la materia prima para toneles de letras. Pero, como tú dices, la epifanía también es capaz de surgirnos en el ruido de la cuchara que golpea el plato cuando batimos un huevo, en el tacto de nuestra lengua sobre la parte interior de los dientes, en alguna frase capturada al azar en el autobús. Lo bueno de vivir (y de observar, que viene a ser lo mismo) es que estamos rodeados de chispas y más chispas para que se nos encienda dentro este hermoso y alucinante fueguito que es crear. ¡Un abrazo!


Estimado Almorro...
Gracias por el halago de que te ha hecho pensar un buen rato el texto. Que un texto motive a la reflexión (a favor o en contra) es el mejor piropo que me puedas hacer, ya que las letras entraron en tu licuadora, se licuaron, y salió la reflexión en forma de zumo de plátano, o de naranjas. Estoy de acuerdo con lo que dices. La literatura no es copiar la realidad, sino versionarla. El cómo en vez del qué. Sin embargo, considero que no hay literatura sin observar, sin ser un papel secante que se cargue a cada segundo de ideas. La escritora irlandesa Edna O'Brien decía que el escritor siempre está trabajando, las 24 horas. Porque observa, escucha, huele, toca, con el único fin de hallar "la" historia, su historia. Observar este universo cóctel, meterlo en la coctelera, agitarlo y sacar nuestro propio trago, que nadie nunca podrá copiar. Un ejemplo de escritor que miró más su interior que el exterior, se me ocurre ahora, puede ser Baudelaire. Pero él mamó tanto de su vida personal, de sus experiencias que le rodearon que, considero, fue el escritor que mejor equilibró los dos universos: el suyo interior y el suyo circundante. El que copia la realidad es un cronista. El escritor es más bien un artesano. Un fuerte abrazo y gracias por tus letras.

Estimado Carlos...
Sí, es verdad. De hecho, no hay nada más infinito y subjetivo que la creación artística. Pero, a mi entender, considero que todo parte de la capacidad de observación. Como decía Almorro, es alcanzar un equilibrio entre el observar hacia dentro y el observar al universo. Empresa esta la más difícil (y apasionante) de nuestras vidas de creadores. Un muy fuerte abrazo!

Jacques de la Palice dijo...

"El escritor mediocre es aquel que solamente escucha las voces de su interior, tanto para buscar la palmada en el hombro, ver su nombre impreso en una portada y suspirar, o bien para señalarle a su hijo “este libro lo escribí yo”."

Yo no tengo hijos pero estoy convencido de que estabas hablando de mí.

En cualquier caso ha sido un placer conocerte, he llegado a ti gracias a un artículo que has escrito en torno a Luna Miguel y su mascota; me ha gustado tanto como tu blog, creo...