sábado, 25 de septiembre de 2010

Apuntes en tinta / 7
Actor secundario


Me pasa siempre igual. Mientras escribo algo y caigo en la cuenta de que es algo que me entusiasma y es una historia en la que creo, deposito allí todas mis esperanzas de liberación para salvarme de la muerte; meto allí, en esa bolsa atestada de ilusiones narrativas, un océano de creencias, quiero que el personaje lo diga todo en pocas líneas, que sus sentencias sean más contundentes que las de Edipo Rey o Macbeth o la señora Bovary. Entonces cae sobre mí una crisis, un embotamiento mental y el mundo se congela, salgo a la calle a respirar y las partículas de polvo no vuelan, están firmes, las hojas se detienen en el aire a punto de caer. Entonces, para liberarme, comienzo un nuevo texto que plasme esos mismos sentimientos, experiencias paradójicas, esa falta de liberación creada por este encierro autoimpuesto, y así nace otra cosa, un texto secundario que no tendrá intenciones de futuro, que no querrá traspasar ninguna puerta, y salen letras frescas, son algodón mojado, caminar descalzo sobre un colchón y saltar sobre ese colchón, es reír a carcajadas en la calle sin vergüenza, es hacerme cosquillas con una pluma en la planta del pie. Termino ese supuesto texto secundario, y quizás salga un tercer texto secundario, mientras aquel primero, aquella torre de babel no llega ni siquiera a las primeras nubes, algún día lo acabaré, pero ahora regreso a mis modestas letritas que cuentan historias banales, mías, secundarias.

Y así el hijo abandona la casa paterna y acaba la carrera que el padre no pudo. Habrás acertado, querido lector. Éste es uno de esos múltiples textitos secundarios que se entrometen en la creación de algo, supuestamente, grande.

A veces me entristezco al pensar que viajo a los confines del mundo sólo para ver un amanecer infinito, inolvidable. Y no me doy cuenta de que ese amanecer está aquí mismo, tras esta ventana descolorida.

    

5 comentarios:

Carme Carles dijo...

La sinceridad de un texto secundario permite llenar un espacio que quedaría mudo. Es que los secuendarios acaban siempre con los mejores papeles.
Salut
PD: espero que regalaras todos tus libros

Anónimo dijo...

¿Qué significa "sinceridad de un texto"? Da la sensación de que, bajo el brumoso contexto del blog, la sinceridad (de un texto, no la de los bloggers) sea un valor en alza y la calidad del texto un atributo secundario (casi figurante). Hay espacios que deberían quedar mudos; esto es, no todo tiene por qué ser nombrable, menos aún los obstáculos típicos con los que topa un escribidor cuyas intenciones, limitaciones y criterio permanecen en un cuarto oscuro, peleándose torpemente. Se trata de la pelea entre lo literario y la literatura, entre el aparentar y el ser. Hay un claro ganador. Hace un tiempo que se sabe: no importa tanto determinar una "experiencia digna de narrar" como el modo en que se narra.

Una lista de la compra es sincera, una factura también (sobre todo cuando ya te la han descontado), la nota que le dejas a tu hija en la nevera suele serlo. Desde luego tampoco esos textos tienen que ver demasiado con la literatura.

"La chavala nos salió exquisita". Os juro que esa fue la frase que mi madre apuntó en la nevera, hoy hace un par de semanas. Imaginad cómo me quedé.

Muchos besos,
R.

Carme Carles dijo...

¿Como sabes que "la chavala nos salió exquisita" era un texto sincero? ¿Piensas que debía ser un espacio que debió quedar mudo?
Un texto es sincero no por lo que dice sino por la intención del autor al decirlo. Yo puedo escribir sobre algo que no existe pero es sincero lo que digo puesto que es lo que quiero decir.
La calidad de un texto se resiente de la sinceridad con que está escrito.
Salut

Anónimo dijo...

El texto "La chavala nos salió exquisita" no era sincero. (Ups, y eso que lo he jurado.) De hecho era mentira. De hecho, yo soy una mentirosa. Mi madre nunca escribiría una cosa así, más bien algo de esta guisa: "Acuérdate de recoger a tu hermano", que tiene cinco años y que también miente todo el rato. "Yo puedo escribir sobre algo que no existe pero es sincero lo que digo puesto que es lo que quiero decir." Es una frase peligrosa, aplicable a la escritura de diarios (en esos cuadernos moleskine demasiado caros para estar en blanco); desde luego sinceridad y literatura no tienen nada que ver, mentira y literatura, eso un poco más. Otra cosa, no entiendo la asociación de sinceridad a la intencionalidad del redactor del texto. ¿Intencionalidad narrativa o intencionalidad vital? En cualquier caso, las intenciones son siempre oscuras. Mi intención (y la de mi madre, y la de mi hermano, que no deja de molestarme mientras escribo esto) no era hacerte dudar de la sinceridad de tu comentario, sino más bien de la calidad del texto.

Más besos,
R.

carlos de la parra dijo...

Igualmente pienso que lo sincero de un texto no determina que tan bueno sea,sino muchas variantes de calidad que éste posea. Las ironías geniales Wildeanas, las frases de impacto inolvidables de tantos literatos, las verdades profundas, las frases que conmueven y mil etcéteras que han hecho del texto un valor por sí mismo.