jueves, 17 de junio de 2010

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Firmé el contrato de alquiler y el administrador me dijo:
–Esto que acaba de firmar, señor Arriaga, significa que el dueño le presta eso que es de él y que nunca será suyo. Le presta esa casa de la que usted se encariñará, que abrazará con apego, en la cual desarrollará los sueños que proyecte durante los próximos cinco años, sueños que también en parte le pertenecen al propietario. Le cobra estos 450 euros al mes por utilizarla bajo unas reglas que él ha impuesto. Recuerde que cualquier objeto o instalación que sea dañada o desaparezca correrá a su debida cuenta, señor Arriaga. Aquí tiene las llaves, que la disfrute.

“Es como alquilar mi culo durante cinco años, y en ese tiempo pasen todas las pollas que yo quiera, siempre y cuando el culo quede en condiciones y no sea tratado con maldad”. Salí pateando una latita por la calle Manso mientras mi dedo hacia girar el llavero con indiferencia. Era el mes de enero de 2003. La flamante casa no tendría gas natural, así lo estipulaba el contrato. Tampoco habría bombona: el dinero hasta el mes siguiente me lo había comido en la garantía. Solamente contaba con un colchón en el suelo, una lámpara y el Ulyses de Joyce que usaba como almohada más que como libro. Entré en un colmado a comprar una botella de whisky para usar como estufa más que como bebida. Subí la escalera y algo me crujió bajo el pie, algo que se movía. Giré dos veces la llave. Entré a casa. La bola helada y oscura que brotó del salón me abofeteó la cara. Me tumbé en el colchón y me bebí media botella a morro. Me dormí de inmediato en el colchón lleno de pulgas. Me cubrí con la chaqueta. Metí el contrato bajo el colchón.

Aquél fue el primer día de mi otra vida. De ésta vida, bah. Del día después de haber dejado casa, dejado Marta, dejado trabajo, malvendido coche, tirado libros. Cinco años pasaron, pero todavía sigo bebiendo de aquella botella de whisky.

3 comentarios:

Raúl dijo...

Jajaja, el final es muy cachondo. Otra victoria.

Pablo Gonz dijo...

Destaco la habilidad para recrear el ambiente. Una prosa muy visual pero a la vez cargada de sentimiento. El tono autobiográfico le presta hondura al texto.
Sigo leyéndote, Franco.
Un abrazo,
PABLO GONZ

Gin Hindew 1.1.0 dijo...

Sip, esta bien hecho