lunes, 1 de marzo de 2010

Historias del Miniatura / 2


Sí, allí en el Miniatura la convoqué a Laura. A mi pregunta sobre sus gustos, lo primero que me dijo fue que comía esas tortitas de arroz que no saben a nada, que le encantaban, y que según su ánimo se permitía untarlas con margarina. De inmediato le respondí que esa costumbre era signo de culpa, una culpa con cara de lobo herido que no le deja vivir. Argüí que no hay nada más insípido que comerse una tortita de arroz.
–Uno no quiere arriesgar nada en la vida si come tortitas de arroz.
Agregué que, seguramente, nunca habrá terminado nada en su vida, y eso le genera culpa y por eso come tortitas de arroz. “Quizás hace mucho que no te acuestas con nadie ni tienes una relación estable; estás buscando una relación estable pero te está costando más de lo que imaginas”. Le espeté que es muy probable que piensa que todos los hombres son unos superficiales, unos cobardes, unos imbéciles.
–Quizás eso mismo estás pensando de mí en estos momentos– añadí.
Laura abrió los ojos como dos platos, rechinó los dientes, pero después apoyó el mentón en la mano y me miró con admiración. Por la noche le pedí tener sexo anal. Creo que no sintió culpa al decirme que sí.

4 comentarios:

Gin Hindew 1.1.0 dijo...

Mmm...
De modo que eso es lo que se necesita para obtener sexo anal, creo que voy a probarlo

Por cierto, en la pagina de akaki Akakievich este blog aparece como Decatis on the teibol

Anónimo dijo...

jeje el poder de las palabras pueden subordinar hasta la mas, aparentemente, superada mujer que controla lo que come para cuidar su figura

Franco Chiaravalloti dijo...

Gin Hindew... ¡Cuidado! Se trata sólo de ficción. No quiero que por mi culpa acabes pasando un mal momento...
Respecto a lo del "plagio", no te preocupes, las ideas pertenecen a la humanidad. En todo caso, lo tomaré como "homenaje" :-)

Anónimo de 14:50... Es cierto, es increíble que un convencionalismo tan limitado y simple como las palabras se esfuerce en describir esto tan pero tan complejo que es el universo. Así demostramos lo simple que somos los humanos: una simple palabra puede destruir civilizaciones enteras, o levantarlas...

Akaki dijo...

Buena historia, voy a ver el siguiente capítulo...

Y cierto, ya lo he cambiado bien! es que tiene truco comecabezas el nombre, se dice fácil pero cada vez que quiero buscarlo en google me tiro media hora pensando como se escribe,jeje