miércoles, 12 de enero de 2011

BCN Flâneur / 6



–De hecho, ahora mismo, en este preciso momento, cientos de litros de semen están siendo derramados gracias a mí.
Y largó una risita estudiada antes de tomarse el campari. Jeannette, o mejor dicho Esther –como me acababa de confesar– lo dijo con la despreocupación de un banquero que sella talonarios. Suspiré y le miré las tetas, tan a la intemperie en pleno diciembre.
–¿Me llevas a comer antes?– propuso. Tardé unos segundos en decirle que sí.
Me cogió del brazo y atravesamos la calle Espaseria. Parecía ser ella la que establecía el camino. La cena no estaba incluida. Me puse firme:
–Espera, giremos por la Rambla del Borne.
Aunque iba cubierta hasta los pies con el tapado de armiño sintético, todos sin excepción se giraban para ver su exhuberancia. Debería haberle pedido más discreción.
Después del rodeo absurdo fuimos al restaurante que ella quería, Caputxes. Se pidió un plato de mariscos de cincuenta euros que ni siquiera tocó. Al menos le dio un par de sorbos al Protos.
–Bueno, ¿vamos?
Pero yo no quería dejar el Borne aún. La invité a un trago en Borneo, en la otra punta del barrio.
–Veo que te gusta caminar, papi.
Nos sentamos frente a la ventana. Ella se quitó el tapado y volvió a exponer sus tetazas a la concurrencia. Me crispé levemente. Se pidió otro campari. Yo un Jameson’s.
–Bueno, como te estaba contando… porque seguramente estás esperando mis anécdotas… mi record son trece tíos. En una misma cama, trece, sí. ¿Que te extraña? Me habrás visto, seguramente. Fue duro sí, pero cobré buena pasta. Lo más jodido es la sequedad, te tienes que poner una de esas cremitas hidratantes en el coño cada media hora. ¿Qué te sorprendes? ¿Te imaginas que te estén dando por cada agujero sin pausa durante seis horas? Ese director era un cabrón, Jeff se hacía llamar y era de Cádiz, quería que lo rodáramos todo en una tarde. Encima, seguramente lo sabes, antes de una escena así debes vivir a agua durante días, apenas comer fruta, ¿cómo piensas que te pueden dar por culo así de fácil, entonces? Y corten, y la cremita, y los tíos que aguantan la eyaculación para la siguiente toma, y otra toma. Pero lo peor de todo son las lámparas del plató, todo el día frente a esos focos te dejan la piel hecha polvo. Mira, mira que cuarteado tengo entre teta y teta.
 Le pedí que no hiciera lo que estaba por hacer y volvió a reír como antes. De repente me di cuenta de que las últimas palabras las escuché, sí, pero difuminadas entre medio de palabras ahuecadas que rebotaban como en el corredor de un castillo gótico.
–Bueno, cuenta tú algo, que aparte de follar puedo escuchar también. –Otra vez la risita–. ¿Así que recibiste buena pasta del finiquito?
Iba a responder que sí, que sesenta mil euros, que había pensado en hacer un viaje de esos que duran seis meses, pero que cuando me di cuenta de que a los tres días estaría de vuelta desistí, que hace mucho tiempo que me masturbo viendo su página, que su coño es demasiado falso, que en internet son todos iguales los coños, tan falsamente depilados, cuántas en este bar tienen el coño depilado, quizás la camarera solamente, que no tengo dónde ir más que encerrarme en casa, que no he cambiado las sábanas para esta noche, que mi habitación huele a encierro, que he pedido prestada esta chaqueta a un amigo, que hace diez años que no follo y no sé si funciono con mujeres de carne y hueso, que la próstata ya me da igual…
En ese momento fui consciente de que le estaba acariciando la mano. Sin hablar, sin mirarla siquiera. En realidad ardía en deseos de abrazarla y olerle el perfume que desprendía su cuello. Ella me dejaba hacer mientras mandaba mensajes por el móvil con la otra mano. No llegué a responder su pregunta.
–¿Bueno, quieres dar otra vuelta o vamos a lo que vamos? –Noté cierto tono de fastidio en su voz.
–¿Te molesta si damos otra vuelta?
–Tu mandas, papi. Es tu noche ¿no?
En calle Picasso me aferre a su mano y acerqué mi nariz a su cuello. De repente, sin esperarlo, sentí una emoción tan adolescente que no pude contener las ganas de llorar. Me moría por abrazarla, el contacto con la piel femenina fue más fuerte de lo que pensaba.
Sólo abrazarla.
Ella dio un paso hacia atrás y me dio un empujón con asco. Me cogió del brazo y me llevó hasta calle Princesa, seguramente para coger un taxi y completar el trato en mi casa.
El taxi llegó de inmediato, como en las películas. Faltaba que cayera una garúa y era todavía más película. Antes de que subiera al taxi le bloqueé la entrada con el brazo derecho. Saqué la cartera y le di cien euros más.
–Vete.
Me subí al taxi yo solo y le indiqué la dirección de casa al chofer. Antes de que cogiera Vía Laietana me resistí a echarle un último vistazo. Tenía conmigo el aroma de su cuello. Cuando llegué a a casa lo primero que hice fue encender el ordenador. Me masturbé  mirando sus tetas sobre las sábanas que no había llegado a cambiar.

4 comentarios:

Akaki dijo...

se me quedó clavada la gran pregunta que surge al terminar de leer en la mente...

un saludo.

Carme Carles dijo...

Un recorrido que tiene poco de turístico, es más de mostrar pensamientos que lugares.
Todos tenemos un paisaje, algunos más artístico, otros más popular, algunos más vacio. Pero a todos nos gusta que alguien transite por él, aunque a veces preferimos no dejar entrar a nadie.
Buen relato.
Salut

AngLee dijo...

Las calles son escenarios llenos de actores, de figurantes, de personajes secundarios, apuntadores y escenógrafos. Pero a veces sin ningún director. Un relato muy bonito.

carlos de la parra dijo...

Bien logrado . Relato que transmite la ansiedad del personaje y la disparejez de la pareja.