martes, 21 de diciembre de 2010

BCN Flâneur / 1



Mario vive hace veintidós años en la sexta planta sin ascensor de su piso de Gran de Gràcia al 200. Mario se levanta a las tres de la tarde, se acuesta a las cinco de la mañana, se bebe dos botellas de Viña del Mar y una de cava al día, se pule sendos paquetes de Ducados –el primero de 15:00 a 23:00, el segundo de 00:00 a 04:00–, se cocina algo frito. Si la cosecha de la terraza va bien, todo el día fumando hierba. Tanto, que se olvida lo que va a buscar cada vez que abre la nevera. 

Mario tiene cincuenta y cuatro años y dieciséis dientes. Aún guarda la esperanza de que su hija de doce lo venga a visitar, y que su úlcera en el estómago siga así como está. Antonio y Jordi, dos cincuentones como él, lo visitan cada noche de viernes. Se encierran en el salón, comen pizzas descongeladas y a los postres aspiran speed sobre un trozo de mármol. Después vienen los gritos, las risotadas, alguna partida de póker, alguna pelea, la música a todo volumen y a veces vomitan. Antonio y Jordi se quedan durmiendo en el salón hasta el domingo por la noche, incapaces de bajar los ochenta y pico de escalones que los separan de Gran de Gràcia.
Durante la semana, de las doce horas que permanece despierto, Mario dedica ocho a mirar sus programas favoritos en la tele de la cocina, tertulias vespertinas, cocina de Argiñano, realitishóus. Los mira con el volumen a tope, y aún así tiene que acercarse para escuchar mejor.

Mario cobra una pensión vitalicia de cuatrocientos euros porque, dicen, no está capacitado para trabajar. Depresión, ineptitud social o algo así. El resto de sus ingresos se los doy yo, por la habitación que le alquilo junto a la cocina desde hace un año y medio.

Por las noches, desde mi habitación, suelo escuchar los gritos de Mario cuando discute por teléfono con su ex mujer, o sino la voz de Mercedes Milá, o las risas de Jordi, o los eructos de Antonio.
Cuando llego cansado por las noches y me preparo algo de cenar, Mario me cuenta su día con vozarrón de lija y olor a sudor. Me sonríe, me ve comer, me pregunta:
–¿Y qué tal tu día?
Y le cuento mi día. No sé si me escucha, no sé si le interesa lo que le digo, pero siempre me devuelve una sonrisa agujereada y me da una cálida palmada en la espalda.

    

6 comentarios:

carlos de la parra dijo...

Es como el edificio de los disfuncionales.

Serafa dijo...

Queremos leer la continuacion. El personaje central resulta monstruosamente simpatico.

Anónimo dijo...

Es lo mejor que he leído en mi puta vida. De verdad. En serio. De verdad, de verdad. Un aplauso y medio para este gran retratista de la vida urbana. Sólo echo de menos un perroflauta y ya sería comparable a... Lo mejor, es lo mejor, de verdad, os lo aseguro, lo mejor de lo mejor. Enhorabuena a quien lo haya escrito, que siga así y llegará lejos, qué digo lejos, lejíssssimos. ¡Bravo!
Gracias por tu magia.

Carme Carles dijo...

La vida nos regala personajes que nunca serán nada del otro mundo (y que tampoco querrían serlo) pero que contienen toda la humanidad.
Salut i Bon Nadal

Fauna Española dijo...

Apreciado colega internauta. Primero felicitarte por el excelente blog que tienes. En estos dias tengo mucho tiempo libre y me estoy dedicando ha ver los blog de mis compañeros internautas, y ya de camino a invitarles a vistitar mi blog. Mi blog esta dedicado a la fauna española, su gran diversidad de hábitas, su gran cantidad de mamíferos, aves, reptiles, anfíbios, especies marinas,...

Fauna Española - Spanish Fauna
http://spanishfauna.blogspot.com

Adios amigos y Feliz Navidad

Alicia Carolina dijo...

decime que no te moriste de amor con el comentario del sr. que tiene un blog de fauna española para mostrar la diversidad de habitas?