lunes, 9 de agosto de 2010

Efecto domingo por la tarde / 5

Phillipe está por morir en un decadente hospital de Mulhouse. Alain va a visitar a su hermano Remy que vive en las afueras, en una casa descascarada junto a su esposa y su hija. Alain y Remy mantienen una discusión vacía, de hermanos. Phillipe no puede con sí mismo. Gime y llora porque nadie lo va a visitar al hospital. Pulsé el botón PAUSE y me levanté a mear. Aprecié mis ojeras en el reflejo del agua amarillenta del retrete. Me vino a la mente la noche anterior. Había intentado volver a hablar con Nadia, pero no me cogía el teléfono. Fui a su casa y no me abrió la puerta. Herido en mi orgullo, cambié de planes y decidí acudir a aquella fiesta que me había invitado Guate. Llegué con seis latas de cerveza bajo el brazo. Había un montón de gente en la fiesta. Me pregunté cómo coño iba a hacer Guate al día siguiente para limpiar toda la guarrada que le dejaran. Que lo jodan, pensé. Las luces eran rojas, tenues. Había dos sofás y varias chicas sentadas en ese sofá. Dos de ellas vestían minifalda. Fui a la cocina a coger una cerveza y me topé con una rubia que se preparaba un gin tonic. Nos pusimos a hablar “a quién conoces - de dónde vienes - ya no se hacen tantas fiestas como antes…”. La empecé a adular, el pelo, la ropa, los ojos. No tenía intenciones de disimular que le miraba las tetas, cubiertas con una camiseta que decía London. Noté que las dos letras o se estiraban más que el resto. Noté que se sintió ahogada, quizás me había acercado mucho al hablarle. Dio un paso hacia atrás. Sospechando perderla, la arrinconé a la mesa. Me dio un leve empujón –un empujón de desprecio, más bien– y volvió al salón. Allí intenté tres o cuatro o cinco veces tirarme a alguna de las tías de esa fiesta. Ya en casa, terminé masturbándome sobre las sábanas que había cambiado esa misma mañana. Regresé a la habitación y apreté PLAY. No es una buena idea ver una película francesa un domingo por la tarde. Y menos si es un domingo nublado.

4 comentarios:

En Singular dijo...

El vacío se hace más vacío en días así.

carlos de la parra dijo...

Buen cuento con triste masturfinal,tan realista que dibujaste el destino que llevaba desde la rubia pesada que se infló por prestale interés,te detectó que no traías control por la carga de lo anterior,si en vez de adularla hubieses sonreído y le dices algo como "si no hubiése detectado que me tienes animosidad,pudiera decirte algo hermoso,pero no así mientras estés en plan de ser una rata hiriente",y habiendo emitido éste parlamento finalizas con una mirada de profunda tristeza y te alejas,y ahí la traerías persiguiéndote y luchando por remediarte la tristeza.

Franco Chiaravalloti dijo...

El in/consciente nos juega malas pasadas, nos empuja a volver solos a casa para masturbarnos y llorar blanco sobre las sábanas, para estar solos y contarles a todo el mundo este dolor, para que la mayor cantidad posible de gente se entere, y que todos vean esta medalla que llevamos colgando y dice "Señores, esta persona ha sufrido, miren". ¿Cuánto del sufrimiento que flota el ambiente es real?, ¿cuánto es de carton...? Cuánto...

Un fuerte abrazo.

carlos de la parra dijo...

Cierto.
La mayor parte de nuestros sufrimientos son de origen imaginario. Frankeisteines mentales que creamos.
Cuando bajas la aceleración del pensamiento,encuentras el poder de zapear fuera de tu mente pensamientos que no te beneficien,
como quien le dá un canalazo a la tele.
Y en la quietud del estanque es cuando logramos ver el fondo.