martes, 4 de enero de 2011

BCN Flâneur / 4




En el balcón que da a Passatge de Sert un ciudadano hindú llamado Ammitan consiguió levitar unos milímetros. En la esquina con Sant Pere Més Alt, a unos metros, Marien daba el primer beso de su vida, y se sorprendió de sentir aquella clase de asco. En el bar Josep, Màrius bebía un cortado y miraba España Directo, mientras en la pantalla, tras la multitud frente al periodista que preguntaba sobre un vertido tóxico en el Duero, distinguió a su hija Joanna, fugada de casa seis años atrás. Justo en ese momento Tarik salió del bar llevando en la mano un ramo de flores secas, y el en visor del móvil encontró doce llamadas perdidas desde Islamabad. Pasó frente a la librería Pròleg, donde Carmen Somonzano presentaba su libro Agua de tu sangre con sólo nueve asistentes, libro que años después sería considerado de culto. A unos pasos Anna creía romper aguas mientras leía la contraportada de Mrs. Dalloway, edición revisada y anotada. Tras el mostrador, la cajera llamada Esther se equivocaba por tercera vez en su primer día de trabajo al dar el cambio. Enfrente, al cruzar la puerta del local denominado Crixmina Lluís se enganchó el pantalón arreglado por su madre, muerta una semana atrás. Héctor encontró diez euros, Jaime abrió un email con el asunto Despedida, Montse se cambió la compresa en el baño equivocado, Agustín volvió a tocarse con la lengua el diente flojo, María se jactó de no haberle hecho caso a la previsión del tiempo mientras abría su paraguas de tres euros, y Joaquim, apenas salir de casa tras cuatro días de gripe, sintió que el umbral de la puerta era el mismísimo borde del mundo.

     

      

2 comentarios:

Carme Carles dijo...

Una puerta al mismisimo borde del mundo, mejor explicado imposible.
salut

Palimp dijo...

Lo has clavado.